El Pantano del Tranco cubre unas tierras que en otros tiempos estuvieron llenas de vida. Es en esa Vega sumergida y en el cortijo «El Chorreón» donde vivió el chiquillo Ángel Robles. Con ojos ávidos y nobleza infantil, captó las historias, las vivencias y las curiosidades que en aquellos años acontecieron en estos parajes. Retrató, en su memoria, a los personajes que se cruzaron en su camino; personas entrañables que él evoca con respeto y que, a través de sus peripecias, nos devuelven un pedazo de historia acrisolada en toda una vida.
El agua represada expulsó a los lugareños, los dispersó y puso un voluminoso y tupido velo azul sobre sus tierras. Ángel, sesenta años después, ha rescatado de lo más profundo de su memoria y del fondo del pantano unos recuerdos que habían estado sumergidos y que, gracias a él, están hoy entre nosotros.
Disfrutemos de personas, cosas y lugares; de estos Recuerdos sumergidos. Hágalo usted, querido lector, intentando ser el niño que quedó impresionado con estas vivencias hasta el punto de conservarlas todo este tiempo, y hágalo disfrutando de una exposición verbal llena de matices y frescura.
El autor de la obra, Ángel Robles Rodríguez, escribiendo las historias que se cuentan en el libro en su máquina de escribir a finales de los años 90.
Ángel Robles Rodríguez nació el 14 de marzo de 1931 en El Chorreón, una finca que en aquel entonces era el corazón de la Vega de Hornos, en el actual Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. Hijo de Matías Robles y Lola Martínez, fue el menor de nueve hermanos en una familia de profundas raíces serranas.
Aunque su infancia y su identidad quedaron ligadas para siempre a la Sierra de Segura, desarrolló la mayor parte de su vida profesional como empresario en Úbeda, ciudad donde se estableció y formó su hogar. Sin embargo, su vínculo emocional con la tierra que lo vio nacer permaneció intacto, impulsándolo a documentar una realidad que el progreso y el agua terminaron por sepultar.
Su obra, Recuerdos Sumergidos (1931-1941), escrita desde el "avanzado otoño" de su vida, trasciende lo personal para convertirse en un valioso documento antropológico. En ella, Ángel rescata del olvido costumbres ancestrales, oficios y modos de vida que hoy han desaparecido, ofreciendo un testimonio preciso de la cultura serrana de mediados del siglo XX. Ángel falleció el 20 de febrero de 2018, dejando este libro como un legado histórico para futuras generaciones.